Infancia y dictadura: una historia en primera persona

En el marco del proyecto "Infancia y Dictadura", que llevaron adelante 5º y 6º grado, los chicos entrevistaron a Manuel Gonçalves Granada, nieto recuperado y actual miembro de la CONADI (Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad). 
Compartimos la entrevista realizada y el texto escrito por los chicos junto a sus maestras. 


Durante el mes de marzo, lxs chicxs de 5° y 6° del Sarmiento estuvimos trabajando en el proyecto “Infancia y dictadura”. Para investigar, vimos y leímos distintas historias de chicxs que vivieron en la última dictadura militar. Leímos un cuento llamado “La composición” de Antonio Skármeta, que cuenta la historia de un chico que, durante la dictadura chilena, decide mentirle a los militares cuando van a su escuela y le piden que escriba una composición con el tema “Lo que hacen sus padres por las noches”. También vimos una película, “Kamchatka”, donde se narra la vida de un chico que tuvo que ir a esconderse con su familia al campo, ya que eran buscados por los militares. Leímos un fragmento de la novela “Primavera con una esquina rota” de Mario Benedetti, en la que una nena reflexiona sobre el nombre de una cárcel uruguaya llamada Libertad, donde estaba preso su papá. Además vinieron nuestras familias a la escuela y pudieron contarnos cómo fue para ellxs ser niñxs en aquella época.
Luego de todas estas actividades comenzamos a estudiar la historia de uno de los nietos recuperados: Manuel Gonçalves. Leímos el cuento “Manuel no es Superman” escrito por Paula Bombara e Irene Singer, del libro “¿Quién soy?”, en el que se cuenta su historia. También vimos partes del documental “Botín de guerra”. Días después, vino Manuel a la escuela para compartir con nosotros más sobre su historia y su presente.
Manuel Gonçalves es un nieto recuperado, hijo de desaparecidos, víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Cuando él tenía cinco meses de vida, entraron a su casa los militares. Todos los que estaban allí murieron en el acto, salvo Manuel ya que por suerte, su madre lo había escondido en el placard para que sobreviviera. Recién cuando hubo silencio, luego de los disparos y las explosiones, los militares escucharon a un bebé llorar y lo encontraron. Lo llevaron al hospital, donde se quedó más de cuatro meses, solo, sin que nadie buscara a su familia. Finalmente, lo adoptaron. Toda su vida creció sabiendo que era adoptado, pero creyendo que su familia biológica no lo quería, y que por eso había sido dado en adopción.
Un día, Alejandro (investigador que ayudaba a las Abuelas de Plaza de Mayo) tocó su puerta para contarle su historia: que era hijo de desaparecidos y tenía una abuela que lo estaba buscando sin parar. A partir de ahí, y luego de un proceso muy largo, Manuel recuperó su identidad. Actualmente, él trabaja por el derecho a la identidad en la CONADI y también colabora con Abuelas de Plaza de Mayo en H.I.J.O.S. Tiene una hija a quien le fue contando su historia poquito a poquito.

Seleccionamos partes de la entrevista que realizamos para compartir un poco más de lo que nos contó Manuel:


¿Cómo te sentiste cuando Alejandro tocó la puerta y te dijo que eras un nieto recuperado?
¿Cómo me sentí? Y… me sentí muy conmovido. Me tomó por sorpresa porque no esperaba que nadie me toque la puerta y menos que nadie venga a mi casa a buscarme…porque yo sabía que no era hijo de la familia donde me crié, pero pensaba que mi familia biológica no me estaba buscando. Pensaba que no me querían, que mis padres me habían abandonado o que se habían muerto. Pero…¿mis tíos, mis abuelos?…nadie se había quedado conmigo y me habían entregado a esta familia con la que yo estaba en ese momento. Entonces cuando me tocó el timbre y yo abrí la puerta, fue una sorpresa […]. Yo lo había visto a él antes, un rato antes de que me tocara la puerta. Primero pensé que era un remisero porque estaba en el auto esperando a alguien en la casa de al lado, leyendo el diario…como en las películas. En un momento bajó el diario para poder mirar a quien salía de mi casa, que era un chico como el que vieron en “Botín de guerra”, yo, morocho, y había también un chico rubio, muy rubio, que era mi amigo. Yo me fui manejando el auto de mi casa, después volví, y él estaba observando los movimientos y dijo “¡Es él!”, porque además me vio parecido a mi mamá […]. En el momento en que me tocó el timbre me sentí como muy sorprendido porque ese señor estaba allá afuera esperando a alguien. Entonces pensé “¿Por qué me toca timbre?” Pensé que era algo malo.
Manuel también nos contó que Alejandro, además de decirle que era hijo de desaparecidos y que su abuela lo estaba buscando, le explicó que tenía un hermano que era bajista de la banda “Los Pericos”. Eso a Manuel lo alegró y emocionó mucho, sobre todo porque él había ido a ver muchas veces a esa banda. Nos contó que cuando se enteró, hacía muy poco había ido a un recital y le había llamado la atención que el bajista era zurdo, y con sus amigos lo habían mirado mucho. Seis meses después, se enteró que ese bajista era su hermano. ¡Lo había visto muchas veces sin saber que era alguien tan cercano a él!
¿Cómo le contaste a tu hija tu historia?
¿Cómo le conté a mi hija mi historia? Se la conté muy de a poco porque es una historia muy difícil de contar, y también es su historia. Igual ella se fue dando cuenta de a poco, había cuadros en mi casa de mi mamá y mi papá (aunque ellos eran mis padres, no los conoció), también me veía en la tele o en el diario y ella a veces lo leía y me escuchaba. Era chiquita, a veces la llevaba a las marchas y no entendía mucho. La primera vez que la llevé a una marcha, ella me preguntó “¿A dónde estamos yendo?” Y bueno, entonces, yo, porque no podía explicarle bien a dónde íbamos, le dije “Vamos a Plaza de Mayo, que es la plaza más importante del país” […] Cuando llegamos, ella se quedó y me preguntó:
- ¿Ésta es la plaza más importante del país?
- Sí, le contesté
-Pero… no tiene ni una hamaca, no hay hamacas - me contestó. A su edad, la plaza más importante era la que tenía los mejores juegos y eso (risas).
Y así ella, de a poquito, iba preguntando. Una vez fuimos a algo que se llama “escrache”, que era ir a un lugar donde vive alguien, como los militares que ahora están condenados o presos, pero hace unos años vivían, por ejemplo, acá en frente. Entonces tuvimos que hacer toda una movilización a un lugar y era como decirle a los vecinos, acá vive un genocida, una persona que tiene que estar preso, no tiene que estar libre como ustedes, como un vecino de ustedes. Una vez yo la llevé a uno de esos cuando tenía 5 años y preguntaba mucho… Así que yo la fui dejando que pregunte de a poco…y ahora tiene 16 años, y algunas cosas todavía no las preguntó. Yo no quería abrumarla, y ella lo va procesando como puede.
¿Cómo es hoy en día tu vínculo con las Abuelas?
Mi vínculo con las abuelas se fue dando cada vez más, de más grande, de a poquito. Primero lo que hacía era solamente contar mi historia y eso es muy importante […] para que aparezca en los medios, para que todos la conozcan y sean parte de esto, para no callar, que era lo que la dictadura había hecho […] Con las Abuelas, hoy, yo soy parte de la Comisión Directiva, así que participo de las reuniones que hacen ellas para definir cosas que haya que hacer por la institución, como buscar a otros nietos. Somos muchos nietos los que podemos estar cerca, pero hay otros que aunque quisieran no pueden porque viven lejos. Pero…mi vínculo es colaborar con Abuelas. Ahora, en la ex ESMA, hay una casa, que es la Casa por la Identidad y hace unos años me tengo que hacer cargo de llevar adelante esa casa, lo cual es muy difícil porque es un edificio enorme, en la que armamos una muestra a la que pueden ir para conocer la historia de las Abuelas.  Hago todo lo que las Abuelas me dicen…no es mi trabajo, pero me da mucho trabajo (risas).
Manuel también nos contó que, apenas se enteró su historia, simplemente iba a ver a las Abuelas, a pasar tiempo con ellas. Y que una de las cosas más importantes que le pasó allí es que algunos empezaron a llamarlo Manuel (y no Claudio, como le había puesto su familia adoptiva) y se dio cuenta lo bien que eso lo hacía sentir. A partir de ese momento, decidió cambiarse el nombre.
En el presente, ¿cómo es la relación de tu familia biológica con tu familia adoptiva?
Eh… se llevan bien. No se ven mucho porque vivimos en lugares distintos. Nunca se llevaron mal, para nada, no hubo ningún problema, pero tampoco hubo situaciones en las que se conozcan como familias. Yo fui haciendo mi historia con mi familia biológica por mi lado… es como si vos supieses que tenés familia en otro lado, pero que la ves poco. Mi madre de crianza quizá sí, porque estuvo en mis cumpleaños por ejemplo, entonces, ella sí se vio con más de mi familia biológica. Y con mi hermano tuvo relación y se llevaron muy bien.
Manuel también nos contó que su familia biológica no lo buscó después del ataque a la casa donde vivía, porque nunca supieron lo que había pasado. El juez no se encargó de buscarlos ni de avisarles, por eso su adopción fue ilegal. Parte de la familia adoptiva conocía el origen de Manuel, porque uno de ellos era primo del juez. A los miembros de su familia adoptiva que conocían su historia y se la ocultaron, decidió no verlos más. La relación con el resto de su familia adoptiva, si bien cambió, sigue siendo muy buena.
Algo que nos dijo Manuel, y en lo que todxs nos quedamos pensando, es lo importante que es contar una y otra vez estas historias para que podamos conocerlas, entenderlas y seguir reclamando justicia para que Nunca Más vivamos en una dictadura.
                                                                                                              Chicas y chicos de 5° y 6° grado del  Sarmiento - 2017